Hola!
Ya os adelanto que sobre la experiencia de hoy, que era cruzar los alpes neozelandeses en el tren Tranzalpine no voy a contar mucho. Ha sido genial, grandes paisajes, muchas historias, un tren muy chulo, pero...el día de hoy creo que es algo más especial por las emociones que siento.
Lo primero, muchas gracias a todos por las felicitaciones. No es el primer cumpleaños que paso fuera de casa (entiéndase casa como lejos de las personas que quiero), pero sí es el que más lejos he estado. Y que seguramente estaré.
Me ha hecho mucha ilusión cada una de vuestras felicitaciones tempranas. Que estuvieseis pendientes de la hora de Nueva Zelanda para mandarme un mensaje o realizar una llamada, de verdad, me ha encantado. Aún estando al otro lado del mundo, os he sentido muy cerca, no me he sentido solo en ningún momento y me siento más afortunado que nunca de tener a tantas personas que me quieren y se acuerdan de mí. Y ojo, que yo nunca he sido muy de cumpleaños. De hecho, creo que es un mérito de mi madre, no mío. Así que desde aquí:
¡Felicidades mamá!
Gracias por traerme al mundo y darme la oportunidad de coleccionar tantas experiencias. Sin la educación y las herramientas que me has dado para enfrentarme a la vida, nada de esto hubiera sido posible. Mi agradecimiento infinito.
Por supuesto, el agradecimiento es el mismo para mi padre. Canete, que ya me han chivado que te leen el blog todos los días. Muchas gracias por partirte el pecho currando para darnos a Laura y a mí las oportunidades que tú no tuviste.
Sin vosotros jamás hubiese llegado a ser la persona que soy hoy en día.
De vuestro hijo, que os quiere mucho y os echa de menos desde la otra parte del mundo.
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