Hoy era el día para hacer una buena visita a la ciudad. Tras desayunar un bagel en un local cercano a mi alojamiento donde los hacen totalmente artesanos, ves incluso como hacen la masa y los hornean, me he puesto en marcha.
El destino era coger el funicular, aquí conocido como "Cable Car", hacia uno de los montes cercanos que rodean la ciudad. El barrio de destino se llamaba Kelburn, pero la sorpresa ha venido cuando he comprobado las paradas intermedias: Clifton, Talavera y Salamanca. Ojiplático me he quedado.
Luego, tirando de hilos y hablando con algunas personas cercanas (gracias señorita de Google), he empezado a atar cabos. El señor Arthur Wellesley aka Duque de Wellington, fue un prominente militar británico (aunque de origen irlandés) y tras leer su biografía, resulta que además de en Waterloo, salió victorioso en múltiples batallas, entre ellas, la de Talavera. De ahí que en la ciudad que lleva el nombre de su ducado, haya una calle homónima a la ciudad de la cerámica y por tanto, una parada del funicular.
El funicular, que pasa por unos túneles magistrálmente iluminados con leds cambiantes, te deja en Kelburn desde donde hay unas vistas espectaculares, un museo gratuito sobre el funicular (lo he gozado con la maquinaria y la ejecución de las obras) y un autobús, también gratuito, que te lleva a Zealandia.
¿Y qué es Zealandia? Pues creo que la mejor definición es ecosantuario. Tiene unas 225 hectáreas y se encuentra muy cerquita de la ciudad. La frondosidad del bosque es espectacular y hay bastantes senderos de todo tipo, pero lo que más me ha llamado la atención es la abundancia de aves. Muchísimas, de verdad. Había una llamada Tui que tenía una especie de pompón blanco en la garganta y su canto/silvido/gorgeo era muy curioso, variaba un montón y cambiaba de tonalidades de forma asombrosa. Los pájaros están bien, pero lo que molan son los dinosaurios. He tenido la oportunidad de ver a dos tuátaras tomando el sol a un metro de distancia. Flipante. Sin palabras. Adjunto documento gráfico. También había loros, ranas, glow-worms y kiwis, pero como los he visto antes, pues ya no hace tanta ilusión.
Después de Zealandia he ido al restaurante del funicular, que tiene unas vistas espectaculares de la ciudad, a probar los famosos "Green-lipped mussels" que son los mejillones de labios verdes endémicos de esta zona. La verdad es que tanto los mejillones como la salsa estaban exquisitos, y con esas vistas y solecito, pues estaba agustísimo.
Luego me he bajado a la ciudad porque tenía especial interés en ir a un lugar. Su biblioteca nacional, que se encuentra frente al parlamento. El motivo: allí están expuestos los tres documentos más importantes de la historia de Nueva Zelanda, y uno de ellos, diría que incluso de la humanidad.
- La declaración de Independencia de las Tribus Unidas de Nueva Zelanda.
- El tratado de Waitangi.
- La petición para el sufragio universal femenino.
La exposición, llamada He Tohu, es bastante dinámica e interactiva y termina entrando a una sala que está en total oscuridad y a baja temperatura donde se preservan los documentos originales. Una pasada, ese es el resumen.
Y nada, como ayer se me hizo tarde, me queda por visitar un último lugar llamado Garage Project Taproom y me dirijo allí de manera inmediata.
¡Hasta la próxima!



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