Creo que aunque fuese un escritor de talento, aunque describiese un hecho, situación o actividad al mínimo detalle, aunque fuese capaz de expresar mis emociones de forma fluida, no podría contar todo lo que he vivido hoy. Así que lo expreso con una imagen:
Hoy he realizado la mejor vía ferrata de mi vida. Así, sin paliativos.
Creo que a la mayoría os he hablado alguna vez de esta actividad y sabéis que en España la he realizado bastantes veces y en varios lugares. Pues la de hoy las supera a todas.
Para los profanos, una vía ferrata es, como su nombre indica, un camino de hierro. El nombre es italiano ya que fueron quienes las popularizaron para movilizar tropas y víveres a través de la montaña, en los Alpes Dolomitas a principios del siglo XX, para ser más precisos. Antes se habían equipado algunos tramos de roca en lugares como Austria, Francia, Suiza o incluso España, pero solo de forma aislada.
En una via ferrata hay dos tipos de elementos:
1. Elementos de seguridad: cable de acero y anclajes: estos te permiten estar asegurado y siempre debe haber al menos un mosquetón al cable (también llamado línea de vida, ¿por qué se llamará así?)
2. Elementos de progresión: grapas, presas, cadenas, puentes, la propia roca, etc. Básicamente sirven para avanzar en el recorrido.
Cada persona va equipada con arnés y casco, y lleva varios varios mosquetones y cabos para usar según sea necesario.
No me quiero enrollar con explicaciones técnicas, así que os dejo este maravilloso enlace para los curiosos.
La vía de hoy ha sido especialmente emocionante por varios motivos:
- El desnivel: son más de 500 metros, de los cuales 450 son de escalada. Una altura nada despreciable.
- El paisaje: las vistas según vas ascendiendo son espectaculares.
- El entorno de la actividad: se escala junto a una de las cascadas llamadas Twin Falls. Son unas cascadas muy altas, pero se componen de varios segmentos, de entre 30 y 80 metros, como podéis ver en las fotos. Me ha parecido increíble la sensación cuando estás dentro del cañón, a un metro de la cascada, subiendo por una pared vertical y el agua te empapa. Cuando ponía el cabo de anclaje, me soltaba de manos y prácticamente me metía en la cascada, pffff, es que no voy a encontrar palabras.
- La variedad de elementos: es una vía muy completa, de hecho, lo único que le faltaría sería una tirolina, pero el resto tiene de todo y repetidos: escaleras, puentes de madera, hay que cruzar por el agua en algunos tramos, hay puentes tibetanos, desplomes, pasarela por detrás de la cascada, sí, UNA PARASELA POR DETRÁS DE UNA CASCADA DE 50 METROS!!!!
- Y para terminar, como el final de la vía es en lo alto de un monte, hemos bajado en helicóptero dando un paseíto muy agradable y contemplando las montañas desde el aire. Otra vez sin palabras.
Son tantos los momentos que he vivido que no sabría ponerlos en orden, pero hay uno que destaca sobre todos: quedarme suspendido en el vacío, colgado del cable de acero, a mitad de camino entre las dos paredes verticales que forman el cañón, con la cascada a un lado y los alpes al otro.
No sé explicarlo. Por un lado, es tan grande el subidón de adrenalina que se siente al mirar hacia abajo...pero por otro, una paz y una tranquilidad disfrutando del momento, de ese aquí y ahora. Sé que puede parecer contradictorio que un momento de tanta tensión sea tan placentero, pero lo es.
Va a ser muy difícil igualar esta sensación:
Y como no podía ser de otro modo, el temazo del día:
Tras unas buenas pintas de cerveza local, me voy a la cama que debo descansar para estar fresco ante la siguiente aventura en ciernes.
¡Hasta la próxima!








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