Poco se está hablando del madrugón que me he pegado hoy. No eran ni las seis de la mañana y ya estaba en pie, pero el plan merecía la pena.
Había llovido toda la noche y las calles y coches estaban empapados. Seguía nublado pero con el amanecer se veían los rayos del sol en el horizonte y el cielo se va despejando. Y según escribo esto, me doy cuenta que soy de las primeras personas en el mundo que ha visto el amanecer del día 22 de octubre del 2022 😎
Hoy utilizaré la obra de Tolkien como hilo conductor, para darle más épica, pero antes de nada, debo confesar que soy de esas personas que no se ha leído “El señor de los anillos”. Sí me leí “El Hobbit” en su día, me lo regalaron mis primos para mi decimosegundo aniversario de nacimiento (les reitero mi agradecimiento desde estas líneas), pero al poco tiempo salió la primera peli (en el 2001 creo), tiré por la vía fácil y no me leí la trilogía. Tuve algún conato de intento de abordar tan magna obra hace algunos años, pero desistí. Otro fracaso a la lista de Adrián. No obstante, prometo atacarla de nuevo. Porque el Silmarillion sí cayó.
Al lío, que me disperso. Esta mañana he visitado las famosas Waitomo Caves. Aunque las compare con las Minas de Moria, hay algunas pequeñas diferencias: no he visto al Balrog, tampoco había esos magníficos salones y columnas, ni mucho menos orcos ni trasgos (bueno, algún orco de casi dos metros sí :D) peeeero había unas presencias, seres vivos que jamás había visto. Se llaman “Glow Worms” y son gusanos bioluminiscentes. No entraré en detalle técnico de cómo operan estos bichejos, pero me ha encantado verlos. Si no he entendido mal a la monitora, utilizan la luz para cazar y nutrirse cuando están en modo larva y así poder desarrollarse por completo y convertirse en adultos. Ahora toca Wikipedia.
A esto que comento debo añadir que no he visitado la cueva en modo paseo, es decir, lo he hecho a mi estilo, con neopreno, casco y botas. No sé muy bien como describir la actividad pero sería algo así como espeleo-rafting-barranquismo o por abreviar esperraftismo (acabo de mandar propuesta a la RAE para que admitan la palabra en la próxima revisión).
La actividad en sí no tenía dificultad técnica, solo ir con cuidado para no caerte cuando no tocaba. Luego lo de siempre: sifones, rápidos, toboganes y saltos. Pero el momentazo ha sido, en una galería de unos 100 metros de largo y 30 de alto, ir flotando con la luz apagada y ver como las paredes y el techo estaban plagados de Glow Worms iluminando con sus lucecitas azules. Una experiencia inolvidable.
A la inversa que en el libro, dejo atrás Khazad-dûm y me dirijo a La Comarca aka Hobbiton. Es el lugar concreto donde se rodaron las escenas exteriores en las películas y la verdad es que es tal y como sale en la peli. El sitio está explotado turísticamente como es lógico, pero no hay agobios ni masificación. Es una extensión de terreno enorme, los guías te acompañan, te dicen las normas y luego también te dejan a tu aire.
Yo iba con un grupo de siete personas. Hemos comido dentro del recinto, en un salón que ya tenía la decoración y ese ambiente tan chulo de las pelis y luego hemos realizado la visita por las diferentes áreas con sus correspondientes anécdotas, fotos y risas. Al finalizar hemos ido a The Green Dragon a degustar una maravillosa pinta de Oak Barton Stout. Not bad.
Por si alguien se lo pregunta, no había Hobbits, la hierba del Viejo Tobby sabe mejor en la comarca y no me han confundido con Gandalf al carecer de barba 😂
Y como no podía ser de otra forma, qué predecible que soy, ahí va mi recomendación:
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