lunes, 24 de octubre de 2022

Capítulo 7: A upane kaupane whiti te ra

Hoy he cambiado de localidad. Me he desplazado de Auckland a Rotorua. No sé si era porque no quería perder el bus, pero a las seis en punto ya estaba despierto y no me podía dormir, así que me he bajado al puerto para ver el amanecer desde allí. Cosas que le dan por hacer a uno cuando está ocioso 😄

Tras 4 horitas de viaje, por fin he llegado a Rotorua. La ciudad se enclava junto al lago homónimo y quizás lo más relevante según he llegado ha sido el olor a azufre. Tooooda la ciudad está llena de fumarolas, cráteres, aguas termales, flipante. Es como saber que estás en una olla gigante y la peña aquí, tan tranquila. En un parque, con sus columpios, su césped, sus bancos y todo eso, había un cartel que ponía “no dejen a los niños solos”, y no es porque los puedan raptar, es que se te cae el niño a un charco de esos y adiós. Menos mal que no había de esto en Velada cuando era pequeño, si no, con lo inquieto que era…candidato nº 1 a salir en las noticias. Poco se habla del mérito de mi familia para conseguir que llegase sano a la adultez 🙈

Tras el intenso olor a azufre diría que lo más relevante es que he puesto una lavadora. Cinco días he tardado 😅

Y lo tercero más relevante es que he visitado un poblado Maorí 😋 El poblado está a las afueras de la ciudad en un bosque cercano. Una vez allí, un chico y una chica hacían de maestros de ceremonias y acompañaban a los asistentes al bosque, explicaban las formas de vida en el poblado, su estructura social, como se relacionaban con otras tribus, etc. También hemos visto la llegada de una canoa con una tribu de guerreros y las acciones protocolarias que realizaban. Muy interesante todo.

Luego hemos ido a un edificio que usan a modo de teatro/salón de actos. Allí han representado una serie de bailes, canciones, juegos, ceremonias y como podéis imaginar la estrella ha sido la Haka. Los Maorís, al igual que otras culturas, tienen múltiples danzas, pero la Haka, por la popularidad alcanzada en los eventos deportivos es la más conocida con diferencia. La verdad es que ha sido una pasada verlo en directo. Cierto es que los chicos y las chicas que lo hacían iban con su indumentaria tradicional, sus tatuajes y sus armas, pero creo que la presencia física del combinado de rugby es un arma mucho más intimidante.

Tras las representaciones, hemos ido a otro salón y allí hemos degustado el Hangi, un banquete típico de las celebraciones Maorís. La comida en sí era sencilla: pollo, ternera, patata, boniato, arroz y algunas salsas y condimentos típicos. Lo extraordinario del banquete es que se había preparado con el calor que emana de la tierra aprovechando la energía geotérmica. Lo realizan en una zona especial del recinto que nos han enseñado y que han ido adecuando con el tiempo para que resulte más sencilla la operativa diaria. Una auténtica pasada.

He estado sentado en una mesa con una pareja de jubilados australiana, un matrimonio neozelandés con sus niños y tres chavales jóvenes. Pero lo más curioso es que el cabeza de familia era de origen Maorí y a los chavales los tenían alojados en su casa por intercambio de idiomas: uno alemán, uno italiano y otro español, que se llamaba Adrián. ¡Vaya casualidad!

Tras esto hemos dado un paseo nocturno por el bosque adyacente (han vuelto a aparecer los Glow Worms, pero otra variedad diferente a la de la cueva), nos han contado algunas leyendas maorís y han respondido a las preguntas que les hemos lanzado. De hecho, he simpatizado bastante con el chico y la chica que lo organizaban y luego me han colado en un autobús de vuelta a la ciudad, así que me he ahorrado el taxi 😇

Como no podía ser de otra forma, este es el vídeo de hoy:



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